-29 Mayo 2018-

Historias de vida: Fundación Padre Semería, hogares de amor

Dentro de sus casi 34 años de existencia, la Fundación Padre Semería ha conocido y formado a cientos de niños y niñas. Actualmente son adultos, gran parte de ellos actualmente tienen familias, trabajos o estudios, han logrado desarrollar sus vidas en base a perseverancia, circunstancias y sueños. Esta sección tiene como objetivo recordar a aquellos niños(as) que estuvieron con nosotros. Hoy en primera persona nos cuentan de su paso por las residencias, comentan sus experiencias y vidas actuales.

Es el caso de Andrea, vive en Viña del Mar, es madre de dos hijos y actualmente está retomando sus estudios en administración de empresas. Ella llegó a la Aldea Nazareth (AN) el día de su cumpleaños número 13 en 1982. Recuerda que como niña, a esa fecha, aún no había entendido de lo compleja que podría llegar a ser la vida, en especial de otros niños(as). De esta manera aprendió a valorar y cuidar lo que tenía. Comenta que de no haber recibido los retos y correcciones de las tías Rosita, Patricia y Sandra (actual coordinadora de AN), le habrían faltado herramientas para crecer, entender la vida y la de otros. Andrea recuerda: “Mi humanidad se desarrollo en ese lugar, mi capacidad de tener empatía y entender que no se necesitan grandes cosas para hacer cambios importantes en la vida de otras personas, todos estos valores que he tratado de replicar en mis hijos.” Además comenta que ahora es consciente de las personas que nos corrigen y orientan, son las que nos quieren e interesan en nuestro futuro, por ello está muy agradecida de las personas que estuvieron con ella durante su paso por la fundación, reconociendo su labor, sobre todo por el desgaste físico y emocional que un trabajo así puede llegar a tener.

Finalmente en sus palabras: “Cariños y prosperidad a las personas que seguramente siguen cumpliendo con la misma energía una labor como está, en especial a tía Sandra, que me llamaba ardillita”

Como organización, testimonios como este, de personas que estuvieron con nosotros, lograron armar su vida y nos recuerdan con cariño, es algo que nos llena de orgullo, entrega fuerza y dedicación para seguir aportando en la vida de los niños y niñas.


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